Hoy vi un video en redes: un joven bailando frente a un espejo, con cadenas de oro, un coche deportivo al fondo, y una canción que decía algo como "Si no tienes dinero, quédate en tu casa".
Mil millones de reproducciones.
Y yo, en silencio, pensé: "¿Dónde quedó la música que te hace llorar sin saber por qué? ¿Dónde están las voces que te miran a los ojos y te dicen: ‘yo también he sufrido’?"
No es nostalgia. No es odio al presente. Es dolor. Dolor de ver cómo lo profundo se ha vuelto marginal. Cómo lo auténtico suena raro. Cómo lo honesto parece ingenuo.
Hace unas décadas, un hombre como Frank Sinatra no era solo un cantante. Era una actitud. Una elegancia. Una forma de caminar por el mundo con el sombrero ladeado y la voz firme, como diciendo: "Soy humano, he fallado, pero canto con dignidad."
O Pavarotti, que con una nota alta podía abrirte el pecho y dejarte sin aire.
O Billie Holiday, que cantaba "Strange Fruit" como si cada palabra fuera un puñal clavado en la conciencia de una nación.
Hoy, muchos de esos nombres suenan a museo. Y en su lugar, dominan los *trending topics*, los *influencers* que venden felicidad en frascos, los políticos que prometen cielo y construyen trampas.
Pero no vengan a decirme que el arte murió. No vengan a decirme que la honestidad no tiene lugar.
Porque yo sé que hay alguien, ahora mismo, escribiendo un poema en un cuaderno que nadie leerá.
Sé que hay un músico practicando jazz en un sótano de barrio, sin público, sin fama, solo por amor al sonido.
Sé que hay un profesor que llega temprano a la escuela, no por el salario, sino porque cree que una palabra puede salvar a un chico del abismo.
Y sé que hay ciudadanos que votan con el alma, no con el odio.
El problema no es que haya gente superficial. El problema es que **el sistema premia lo superficial**.
Los algoritmos no saben distinguir entre una canción de amor verdadero y un pegue que repite "dime que sí" veinte veces.
Las redes sociales no miden la profundidad: miden el ruido.
Y en ese juego, el grito siempre silencia al susurro.
Pero escucha esto: El susurro sigue ahí.
No necesita millones. No necesita likes.
Solo necesita un oído atento.
Una mirada que no se distraiga.
Un corazón que aún late despacio.
Yo no quiero vivir en una era donde todo sea rápido, fácil, descartable.
Quiero vivir en una donde alguien pueda decir "te amo" sin grabarlo.
Donde un político hable de justicia sin gritar.
Donde un artista cante desde la herida, no desde el ego.
Donde el valor no se mida por los seguidores, sino por la integridad.
No es que odie el presente. Es que amo demasiado el sentido como para rendirme al vacío.
Y si tú estás leyendo esto, probablemente también lo ames. Por eso te sientes raro.
Por eso te cuesta respirar en medio del ruido. Porque no estás roto: estás desubicado. Naciste con alma en una época que la trata como accesorio.
Pero aquí está la buena noticia: Lo profundo no necesita ser popular para ser verdadero. Un árbol crece en silencio. Un río no anuncia su paso. Y el amor más grande muchas veces no se dice, se siente.
Así que no dejes de escuchar jazz. No dejes de leer poesía. No dejes de creer en gente honesta, aunque estén calladas. No dejes de exigir más, aunque el mundo te diga que estás "fuera de onda".
Porque a veces, estar fuera de onda es la forma más valiente de estar en sintonía con lo que realmente importa.
Lo profundo no murió. Solo se mudó. Ahora vive en los ojos de quienes aún saben mirar. En las manos de quienes aún saben crear. En los corazones de quienes, a pesar de todo, siguen diciendo la verdad.
Y mientras haya alguien que la escuche… el mundo aún tiene esperanza.
"Para todos los que extrañan lo que no ha desaparecido, solo se ha escondido".
Con amor...Un alma que aún cree...
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón...
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazón...
Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazón...
Cuando no haya nadie cerca o lejos
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Cuando los satélites no alcancen
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar esta, nuestra casa
De cambiarla, por cambiar nomás
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón"
Fito Páez

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