El Ferrari sin volante vs el Volvo con GPS


 (Ajusto el micrófono, miro al público con complicidad)

¿Se han dado cuenta de que la vida es básicamente un juego de video con dos modos de dificultad? "Modo Juventud: Gráficos increíbles, controles sensibles, pero no tienes manual de instrucciones". Y "Modo Vejez: Los gráficos tienen menos definición, los controles hacen ruido, pero por fin te sabes todos los trucos y códigos".

Es una pelea constante. La Juventud y la Vejez son como dos borrachos discutiendo en un bar, cada uno diciendo que tiene razón.

LA JUVENTUD llega pavoneándose: "¡Tengo energía! ¡Puedo salir de fiesta un jueves, trabajar el viernes, irme de viaje el sábado y recuperarme el domingo con dos Red Bulls y una pizza fría! ¡Soy un dios griego!"

Y LA VEJEZ, desde su sillón, responde sin ni siquiera levantar la vista del crucigrama: "Sí, claro. Energía para todo... menos para recordar dónde dejaste las llaves del dios griego. Energía sin experiencia es como un GPS sin mapa: vas a 200 por hora, pero hacia un precipicio. ¿Recuerdas ese tatuaje que te hiciste? 'Carpe Diem' en latín... que luego resultó que significaba 'pescado del día'. Imprudencia".

(Hago una pausa para que caiga la risa)

Pero es que es verdad. La juventud es fantástica. Tu cuerpo es una máquina perfecta. Puedes comer lo que sea. A los 20, te comes una pizza entera, una hamburguesa, leche directamente del cartón y te sientes... un poco lleno. A los 50, miras una foto de una pizza y subes dos kilos. ¡La glucosa te entra por ósmosis!

La juventud tiene el metabolismo de una musaraña en éxtasis. La vejez tiene el metabolismo de una estatua de jardín. Pro y contra.

Y luego está el tema del sueño. Un joven puede dormir en cualquier sitio: en el suelo, en una fiesta, de pie en el metro... ¡Puede dormir en una discoteca! Con la música a todo volumen y las luces estroboscópicas. Es como tener un superpoder. Un anciano se despierta porque el gato del vecino ronca demasiado fuerte. Un ruido y ¡zas! "¿Qué fue eso? ¿Un ladrón o es que se ha caído un guisante de la lata?".

Aquí la vejez gana por KO: Sí, duermes menos, pero cuando duermes, es una obra de arte. Te levantas y sientes que has resuelto los problemas del mundo. Un joven se despierta sintiendo que ha sido atropellado por un tren de mercancías... que él mismo conducía borracho.

Hablemos de la memoria. El joven: "¡Tengo una memoria de elefante! Me sé las capitales del mundo, los diálogos de mi película favorita y 500 contraseñas de redes sociales". Pero no recuerda para qué entró en la cocina. La memoria a corto plazo es como un colador.

El viejo no recuerda qué desayunó, pero tiene una memoria histórica impresionante. Te puede contar exactamente cómo era el sabor de un caramelo de fresa en 1973, quién ganó la liga en 1982 y la letra completa de esa canción que sonaba en la radio cuando dio su primer beso. Es un archivo histórico andante. Su disco duro está lleno, por eso borra las cosas nuevas para hacer espacio. "¿Dónde dejé las gafas?"... porque esa información desplazó el recuerdo del olor a lluvia en el patio del colegio. Prioridades.

Y no nos olvidemos de la presión social.

El joven vive en la tiranía de "¿qué dirán?". Tiene que estar a la moda, tener el último iPhone, decir las palabras cool... "¡Esa foto tiene que tener más likes! ¡Mi vida no tiene sentido si no!". El viejo llega a una edad en la que su filtro social se desintegra.Le da igual todo. Va a comprar el pan en pijama y zapatillas de andar por casa. Si eres joven y haces eso, eres un vago. Si eres viejo, es que "es muy práctico, qué bien se lo monta". El viejo dice lo que piensa sin miedo. "Mira, hija, ese vestido te hace parecer un espantapájaros con hipo". ¿Un joven diciendo eso? Mala educación. ¿Un abuelo? "Ay, es que es muy sincero, qué gracioso".

La vejez es la época en la que por fin puedes ser tú mismo, porque todo el mundo asume que estás chocheando y te perdonan todo.

Pero la gran batalla es la tecnología.

El joven: nativo digital. Puede actualizar el software del router con la mente. Tiene cinco pantallas a la vez y las maneja como si fuera el director de la NASA. El viejo:"¿Cómo se envía un fax por este teléfono?". Pero ojo,aquí hay un punto para la vejez: paz mental. El joven está esclavizado a las notificaciones. ¡Ping! Un email del trabajo a las 11 de la noche. ¡Ping! Un mensaje de un grupo de WhatsApp sobre un meme de un alpaca. Su cerebro nunca descansa. El viejo...si suena el teléneo (que no smartphone, teléneo), es que probablemente sea un hijo o un amigo de verdad. El resto del tiempo está en modo avión, pero de verdad, no el del móvil. El suyo es corporal. Eso no tiene precio.

Al final, la juventud tiene el cuerpo, pero no tiene manual. La vejez tiene el manual, pero se le están estropeando las piezas.

Es como si la vida te diera un Ferrari pero sin volante... y luego, con 70 años, te da un Volvo con airbag, calefacción en los asientos y un GPS que te dice exactamente cómo evitar los baches... pero que ya no va más allá de 60 por hora.

¿Conclusión? Disfruten el Ferrari, choquen lo que tengan que chocar, que para eso tienen airbags juveniles. Y ustedes, los del Volvo, disfruten del paisaje, que para eso ya saben por dónde ir.

Al final, el único que gana es el que se ríe de los dos. La mediana edad: que todavía tiene algo de chasis pero ya le duele la espalda si duerme mal. Esos somos los traductores entre dos civilizaciones que no se entienden.

¡Buena suerte a todos! Y recuerden: si son jóvenes, no gasten toda la gasolina en un viaje de ida. Y si son mayores… ¡apaguen las luces que no se pagan solas!

¡Buenas noches! (Dejo el micrófono)



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